
Por Virginia Pala, La voz de los que sobran
Lo ocurrido con el allanamiento a la casa de la presidenta de la Cámara de Diputadas y Diputados, Karol Cariola, es la muestra más cruda de lo que está mal en este país.
Un país donde dos mujeres jóvenes, profesionales, feministas, políticas y servidoras públicas no pueden tener una conversación de gestión sin ser perseguidas.
Un país donde el actuar de la Fiscalía se alinea con los intereses del espectáculo mediático, donde la justicia tiene urgencias selectivas y donde la violencia política y estatal contra las mujeres sigue siendo una práctica sistemática, sobre todo, si se trata de mujeres de izquierda, que ponen en jaque al sistema.
Este operativo se da justo después de que El Mercurio publicara que no existía nada en contra de Irací Hassler en el caso Sierra Bella. Se da cuando han pasado casi tres años desde la fallida compra, la cual fue aprobada casi unánimemente, por el Concejo Municipal de la época.
Extraña este proceder tan abrupto de la Fiscalía y la Policía de Investigaciones, comparado con el caso del abogado Luis Hermosilla, donde se filtraron – una vez más-, chats que hablaban de sobornos, evasión de impuestos, fiestas con drogas y “ucranianas” como objetos de consumo.
Conversaciones explícitas, que reflejan corrupción en su estado más puro y que, sin embargo, no provocaron operativos espectaculares ni allanamientos a medianoche a casas de Ministros de la Corte Suprema, ex Ministros de Estado, como es Andrés Chadwick, y jueces, entre otros.
La Fiscalía manejó ese caso con una calma envidiable, hasta que ya fue insostenible seguir manteniendo todo tan en calma, todo lo contrario a lo que ocurrió con Karol Cariola, donde el escándalo se fabricó con rapidez quirúrgica.
Lo que hemos presenciado, es de una brutalidad sin precedentes. La Fiscalía allanó su casa cuando ella ni siquiera estaba presente, porque aún se encontraba en el hospital tras haber dado a luz a su primer hijo.
Sí, en Chile en 2025, el derecho de una mujer a parir en paz, puede ser violentado por una institución del Estado. No hay precedentes de otro caso en el que se haya vulnerado con tal nivel de exposición pública la privacidad de una persona que ni siquiera está imputada y sin antecedente alguno de diligencias e investigaciones en su contra.
Pero aquí no termina la historia. Porque la persecución mediática y política también apunta a Irací Hassler. La ex alcaldesa que ha sido sometida a un escarnio público desproporcionado, incluso cuando no hay cargos en su contra.
¿Cómo se explica, que mientras casos de corrupción probada avanzan a paso lento o se diluyen en impunidad, una mujer que ejerció su cargo con compromiso social y transparencia sea tratada como una delincuente? Se explica con una sola palabra: misoginia, misoginia que se exacerba si se trata de mujeres de izquierda, con voz, que no temen enfrentar a los verdaderos poderosos.