
Hay un viejo dicho que dice que la política es sin llorar. La política no es un espacio para hacer amigos, y no es necesario llevarse bien; con cordialidad basta y sobra. Esto aplica tanto para aliados como para adversarios. Sin embargo, la derecha no es solo un adversario, es una ideología que se impuso mediante tortura, persecución y muerte sentó las bases de lo que significa vivir en Chile y ha defendido celosamente su modelo de saqueo frente a cualquier intento de avance en las últimas décadas.
Karol Cariola sigue en el ojo del huracán debido a filtraciones de chats. La derecha celebra con festín y, cual circo romano, invita a la ejecución. A diferencia de lo que ocurre con sus militantes, donde «esperan que la justicia determine», aquí ya hubo un juicio y un castigo en curso. Cuando los militantes de derecha terminan su papel, les toca a los medios hegemónicos, quienes invocan cual rito pagano a sus “rostros”, totalmente extasiados con el tema. Desde las 8:00 AM comienza un juicio moral en diversos matinales y se desata el desenfreno. Si la allanaron durante su parto, es culpa de ella. Si tiene que ir al Congreso a defenderse con su hijo lactante, es culpa de ella. Si hay indicios de que no es culpable, es porque lo planeó hábilmente, porque «mujer fuerte, mujer peligrosa». La excitación de los animadores es evidente. Hacer esto contra la diputada comunista les recuerda tiempos en los que se podía denunciar al vecino para que los militares fueran a buscarlos a su casa. Les gusta aleccionar al público con teorías e información imprecisa. Cuando terminan de instalar la idea de culpabilidad de Cariola en la mente de la «señora Juanita», concluyen su catarsis persecutoria con un «esperamos que la justicia haga su trabajo». No hay derecho a la defensa para la diputada. Nadie siquiera considera, por un ejercicio racional, lo que su defensa ha señalado. Hasta le revisaron el arriendo, que paga a una corredora de propiedades. Pero en Chile es un delito que un comunista le pague a una corredora de propiedades y que el dueño sea chino. Necesitan que toda acción de la diputada sea juzgada desde una caricatura burda de su militancia política. Un comunista no puede disfrutar de su propio trabajo: si arrienda, es sospechoso; si compra, es sospechoso; si tiene un emprendimiento, es sospechoso; si trabaja en el servicio público, es sospechoso; y en el privado, más sospechoso aún. Tienen que hacerlo porque, paralelamente al circo romano, hay un juicio que golpea todos los días los cimientos de la democracia y la credibilidad en nuestro país. Hermosilla está preso, pero Chadwick, el imputado, no hay que tocarlo; nadie tiene que enterarse, a pesar de los chats donde se evidencia corrupción. Hay que lograr que a nadie le importe que Desbordes intervenga en nombramientos de jueces. Hay que bajarle al perfil en como durante el gobierno de Piñera se intervino el sistema judicial. Desviar, agrandar y luego empatar: una estrategia de manual apoyada por los medios hegemónicos
Los últimos chats filtrados de Cariola y Hassler son de 2022 y son la guinda de la torta. ¿Qué importa si lo que dicen tiene que ver con la investigación?, pensó la periodista antes de publicar. Su editor, extasiado por el frenesí que se avecinaba, le dio el visto bueno. No, no es un delito; es una crítica al gobierno, a su gobierno. Pero para el filtrador y la periodista, son sabrosos porque vienen con insultos desde la rabia y la frustración, cosas que uno solo puede expresar en espacios privados y que, por lo bajo, mucha gente que defiende a este gobierno comparte. Pero no importa; hay que seguir persiguiendo y hostigando a la madre puérpera porque es comunista, porque tiene la mayor intención de voto como senadora de la Quinta Región, porque hay que empatar con algo. Hay que lograr que, cuando digamos «chats filtrados», la gente piense en Hermosilla y en Cariola.
Hoy ya no importa que la justicia haga su trabajo. No importa que encuentren al filtrador en Fiscalía. No importa porque, así como la PDI, no van a dar el brazo a torcer por su mal procedimiento, no importa porque Cariola y Hassler son comunistas. Y a pesar de actuar apegadas a la ley y de manera colaborativa, siempre habrá sospecha porque hay un sector, lamentablemente en alza en este país, que aún quiere perseguir comunistas. Aún los quiere asesinar, pero como tienen que fingir un grado de humanidad, se conforman, por ahora, con solo asesinar su imagen