
Por Manuel Lius Rodríguez Uribe
Los recientes episodios donde Donald Trump muestra su conducta imperial y arrogante frente a los lideres occidentales y aliados, nos trasladan a las profundidades de un cambio profundo que se está produciendo en el orden mundial y en las relaciones internacionales.
Se terminó la globalización neoliberal, se terminó el multilateralismo, se terminó el orden basado en las instituciones heredadas de la II guerra mundial. Vamos camino hacia una nueva arquitectura de las relaciones internacionales regida por las mayores potencias hegemónicas.
Las principales crisis que atraviesan el mundo en la actualidad (humanitaria, migratoria, energética, alimentaria, climática…), están siendo gestionadas bajo los principios de la defensa del interés nacional y la primacía de las grandes corporaciones. No existen los aliados, existen intereses.
Estamos transitando desde un orden mundial regido por instituciones y reglas (el viejo orden de Westfalia reafirmado en 1945) hacia un orden global regido por corporaciones.
La tendencia geopolítica predominante en el presente y en el futuro predecible durante la primera mitad del siglo XXI, es la transición desde un orden unipolar hegemonizado por EEUU y algunas naciones de Occidente, hacia un orden multipolar compartido y rivalizado por EEUU, China, India, Rusia y otras potencias emergentes. La rivalidad hegemónica que hoy determina el curso de los acontecimientos, implicará un nuevo reparto de las diferentes zonas de influencia en el planeta.
La formación de los BRICS es una señal geopolítica significativa de la nueva tendencia multipolar que se dibuja en el horizonte. En esta nueva reconfiguración del mapa geopolítico mundial, América Latina tendrá necesidad de buscar salir de su condición histórica de patio trasero subdesarrollado y situarse como un actor internacional de primer plano, defendiendo y promoviendo sus intereses comunes frente a los nuevos ejes de poder mundial.
La nueva arquitectura internacional que surge, deberá tomar con consideración los intereses de todos los Estados y actores del sistema, y especialmente los intereses de seguridad para poder avanzar hacia un orden de paz y desarrollo.
Los latinoamericanos no podemos ser meros espectadores del cambio de paradigma en las relaciones internacionales. Podemos hacer uso positivamente el multilateralismo para reforzar nuestros intereses y hacerle frente a la política imperial estadounidense, con nuestros propios recursos.
No existen los aliados, solo existen los intereses, y cada Estado tiene necesariamente que mirar el mapamundi, reconocer cuál es su lugar y defender sus intereses. No es la lógica «amigos-enemigos», es la lógica «mis intereses frente a tus intereses.» Y en el nuevo juego de intereses, hay espacio para la negociación. para la diplomacia, para el diálogo, como también para la confrontación.
La amenaza real para los países de América Latina no viene desde otras regiones del mundo, viene del propio continente americano: son la desigualdad, el subdesarrollo y la pobreza.
Manuel Luis Rodríguez U.